sábado, 10 de noviembre de 2007

78 dias


Sí, pasaron 78 días desde que nos fuimos. Etapa en la que no hubo inspiración o tiempo. Da igual. Prometo volver pronto. Lo necesito. Necesito escribir cosas que nadie va a a corregir, que no me van a poner una nota, que el tiempo no me corra, que no este nerviosa, que no necesite estudiar. Ya estoy cansada. Esta vida me está consumiendo, como dice un gran amigo, " nos están exprimiendo como una licuadora, cada vez más y más". Pero ya va a pasar, eso espero. Aunque quede lo peor. La recta final, la última corrida. Cuando ya no podes más, pero todavía te quedan esos 400 metros. Por la llegada voy, con todo.
Thelma

sábado, 25 de agosto de 2007

24 razones para no salir este 24


1) Hace mucho frio
2) No tengo compañia
3) ¿Nostalgia de qué podemos tener a esta edad?
4) No hay ninguna fiesta divertida
5) Todas son caras
6) Hay muchisima gente en todos lados
7) No tengo qué ponerme
8) Estas un siglo para pedir un trago
9) Después de las 12 es feriado y está todo cerrado
10) Mucho boracho por la calle
11) Imposible conseguir un taxi
12) Tengo entradas para ir a ver un peliculon
13) Mañana tengo que estudiar
14) Mis amigas van casi todas con sus novios
15) El pasado 24 no la pase muy bien
16) Quiero ahorrar
17) Me tienta mi cama
18) Oldies toda la noche me mato
19) Ya me harte de tanta discusión
20) Me quería ir a Bs As
21) Un buen dvd, pop, y a la cama
22) Quiero hacer otra cosa
22) Me da pereza
23) Me arrepiento de no haberme ido a Punta del Este
24) Él no sale
Thelma

domingo, 29 de julio de 2007

Esa experiencia religiosa...


NOTA: Puede sonar a plagio, y si te parece asi querida Emma avisame que bajo el post.


Recien lei en tu blog un post excelente acerca del maravilloso espectáculo de las peluquerias, los peluqueros, estilistas y toda ese circo que rodea al mundo de las tijeras y no podía dejar de contar mi experiencia.

Yo creo que el peluquero, al igual que el plancha, se nace, no se hace. Aquel que se decide por esta majestuosa vocación trae la virtuosidad en los genes, no es una característica adqurida. Esa que siempre tiene el pelo quemado despues de años y años de planchitas mal hechas, tinturas de prueba que fracasaron, las uñas largas con preciosos esmaltes nacarados.. admito con humillación el hecho de que un día dejé que esas manos me cortaran el pelo.


Ese día decidicamente no estaba preparada para lo que me sucedió. Pensé ir a la peluqueria- sagrado templo de algunas al que acudo lo menos posible por un miedo adquirido tras varias experiencias engañosas... (con el brushing sos una diosa, ahora te lo lavas y es la noche del terror)- y bueno, solo iba con la intención de hacerme reflejos. Mi pelo en invierno agarra una negrura que es para ocultar, nada en contra de las morochas eh.. solo que me hallo más con las "rubias" (por lo de hueca NO es, aviso). Y bueno, así como dicen los novios cornudos: una cosa llevó a la otra y cuando quiero ver la guasa me estaba cortando el pelo... SI cortando.


Con la excusa de que "tenes las puntas inmundas, no te voy a tocar el largo y te va a quedar mejor si le doy forma" y con mi imposibilidad crónica de decirle que no a cierta gente, cai otra vez en la mentira de esta calaña bravisima de sátiros. Cuando la tijera se sintió satisfecha con lo suyo, cerró la boca y se fue a dormir me miré al espejo. Creo que solo un hombre al que le pegaron un pelotazo justo ahi en un partido de fútbol puede entender esa sensacion. Todavía no se inventó la palabra para describirla. "Estamos en eso" me dicen los del directorio de la RAE.


Y nada, que iba a hacer. Ya no era yo. Me convertí sin querer en una suerte de Charoná mal teñido (por qué hasta los reflejos los veia tétricos) y justo que esa noche tenía MI graduación y para la cual habia invitado a un chico de extrema importancia.


¿Ahora tenía que pasarlo a buscar a caballo y con una boleadora si era Charona?


Y todos esos pensamientos de Cenicienta se me esfumaron.

Como buena valiente, me aguanté las lagrimas y lloré en casa. De eso estoy orgullosa. Muy.


Desde ese entonces no volví a una peluqueria: si ya se... tengo las puntas hiper florecidas, el pelo sin forma y no me crece. Pero no me importa.

Louise

miércoles, 18 de julio de 2007

Misterios

Esas cosas que uno siempre quizo saber - y jactarse de que sabe- surgen desde la infancia. Uno de los misterios que por más tiempo me carcomió la cabeza fue lograr ENTENDER (y entender enserio, no solo mover la cabeza arriba abajo cuando alguien me explicaba la fisica aerodinámica) cómo joraca vuelan los aviones. Y un día lo entendí.


Otra cosa que cuando era nena (si, lo acepto, recien entendí a los 16 años) no entendía era cómo funcionaban las tarjetas de crédito. Yo pensaba que era gratis y siempre le decía a mamá que pagara con tarjeta. De nada OCA.

Fue un milagro el día que descubrí que a la pasta de dientes la ponen por la parte de atrás del envase, y no por agujerito por donde sale. ( No existiría nadie con tanta paciencia)

Y hay algo que todavía hoy por hoy no entiendo y sigue siendo un misterio para mi. A los veinte años sigo sin encontrar una respuesta sólida y con evidencia que acalle mi incansable inquietud: ¿Qué le ponen a los chorizos de los carritos que SIEMRPE en el carrito son más ricos?


Según mi viejo es una cuestión de que cuando comes en el carrito es por qué estas desesperado de hambre y en esos momentos a uno todo le parece mucho más rico. Puede ser, pero más de una vez comí sin apuro y el gusto era ese mismo. Por más método o sistema que trate en casa no logro que queden como esos que te comes en el estadio, que solo le podes poner mayonesa por qué lechuga y tomate ya es un insulto a la perfección del chori.


Pero sin embargo, vos los ves ahi acostaditos todos en fila en la "parillita" que tienen ahi en los carritos y tienen menos pinta que el Coco Basile, más recalentados que Claudia Fernández en Bailando por un Sueño y sin embargo cuando te lo dan en la mano, todo lo anterior ya no importa. El primer mordisco desata el affaire.

¿Qué clase de droga le ponen a los choris?
Louise

jueves, 12 de julio de 2007

Amistades peligrosas


Sentados uno al lado del otro. Palabras iban y venían y, en cada silencio, sabían lo que el otro pensaba. Fue durante un ataque de risa cuando él la miró y sintió como si se le partiera el corazón. Sus ojos se quedaron mirandola fijamente y brillaban como nunca antes lo habían hecho. Eran dos balones chiquitos expresando felicidad, y no podían mirar hacía otra dirección que no fue los verdosos ojos del ella. Los había visto toda su vida pero nunca se había dado cuenta de la importancia que tenían para él.

Una lágrima se desprendió de sus ojo derecho, porque se dio cuenta de que ya nada iba a ser como antes.

miércoles, 4 de julio de 2007

Psicología sexual


El ritual del baño. Una vez más. Es la tercera vez que la acompaño, y claro, no puede ir solo. Es algo que todavía no puedo asimilar. Es esa tendencia de que si ya pueden identificar el color azul ya pueden entonces ir al baño solos y diferenciar idiomas. No. Todavía no.

Lo llevo de la mano: no es que sea una adorada sino que así evito que corra y, por ende, evito también mi eterna corrida por el corredor helado. Y eterno ¿ya dije eso no?
Y el baño nomás. Que frío que está che. Esas baldosas negras y los mosaicos grises que miran todo con cara de pocos amigos. La verdad que pelar raya para postrarse en ese wáter blanco inmaculado y frío como el acero no da. Te saca todo tipo de ganas de evacuar.
Pero él no tiene problema. Sin mi ayuda (esto lo venimos practicando desde abril) se baja el pantalón y hace lo suyo. Yo me hago la disimulada.

El ruido de un zapateo chiquito que entra al baño no disturba, es algo muy común. Después de todo el baño es de las nenas. Después de meditarlo con mis colegas entendimos que la razón por la cual llevamos a los chicos al baño de las nenas es por qué queda más cerca. Fin
Para mi sorpresa – y la del hombrecito que estaba conmigo- la puerta se abre y nos miran unos ojos celestes enoooormes, interminables. Fue en cuestión de segundos: un intercambio de miradas, un arriba abajo, un pensamiento, una sinapsis. Una risa de niña y unos rulos marrones que se mezclan en una frente diminuta, unas manos que se bajan la pollera y las quinientas capas de medias que hay debajo. Unos ojos que miran y comparan. Lo de él, lo mió, lo de él, lo mío.
Una exclamación -¡Pero yo no tengo un panchito!-.

Too much. No estoy para la sexualidad infantil.



Louise

domingo, 24 de junio de 2007

Espejo mentiroso


Se miró al espejo. Nada había cambiado. Sus ojos mantenían el mismo color que meses atrás. Su boca intacta, pura, llena de secretos aún por revelar. Sus cejas con algunos pelillos menos, pero seguían siendo feas, no le gustaban, nunca lo habían hecho y probablemente nunca lo fueran a hacer. Su nariz que no decía nada, siempre pasaba desapercibida, un rasgo normal, nada para destacar. Su cerquillo un poco más corto y a la moda, aunque un tijeretazo no le vendría mal. Los dientes ya no estaban tan blancos, tal vez por la cantidad de mañanas apuradas o por ese nuevo vicio que intentó conocer.

El reflejo era el mismo. Apesar de todo lo vivido en un año, estaba igual; ni una marca, ni una cicatriz de aquellos momentos pasados. Tal vez algún kilo de más, pero eso es pasajero, va y viene.
Se vio igual, la imagen lo confirmaba. Pero eso no parecía conformarla. Sabía que no era la misma persona. Era aquella mariposa que el gusano tanto deseo ser. Ella lo sabía y eso era lo que importaba. Sonrió.
Se volvió a mirar al espejo y vio lo que realmente quiera ver. Volvió a reir y se fue. Confiada, por primera vez.